El amor gana

Love Wins

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0.jpegPor: Hugo Balta.
Hugo es Ejecutivo de Multimedios y Consultor en materia de Diversidad e Inclusión. Para leer más de sus artículos visita su blog: Straight Talk
Traducción al español de Sal Morales

 

Como millones de personas en el mundo, mi familia y yo estamos conmemorando el mes dedicado a  las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros, y aquellos que se encuentran explorando su identidad sexual (LGBTQ por sus siglas en inglés).

Esta es la primera vez que participamos en las actividades que se realizan en el mes de Junio, desde que mi hija Isabella le informó a nuestra familia y amistades, que era bisexual. Cómo ella (y nosotros) llegamos hasta aquí, ha sido todo un viaje que comenzó hace aproximadamente tres años atrás.

A continuación, les comparto esta reseña titulada “El amor gana”,  donde les cuento cómo me impactó el anuncio de mi hija, inspirandome, dándome valor, y a la vez, llegando a intimidarme. Mi deseo es que mi experiencia ayude a otros padres y a sus hijos LGBTQ, a traspasar la barrera de la ansiedad y encontrar tranquilidad y alivio.

SALIENDO DEL CLOSET

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Isabella.

 

“Soy bisexual”, nos dijo, y respiró aliviada después de decir estas palabras. Mi hija Isabella, en ese entonces tenía doce años. Yo pude literalmente verla liberarse de un gran peso, que inmediatamente se posó sobre mí.

Estábamos reunidos en familia en un restaurante de un vecindario no lejos de casa.  En ese momento hablábamos de la decisión de la Corte Suprema de Justicia, que había fallado en favor de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en toda la nación.  El movimiento denominado #LoveWins, era un tema candente para muchos durante ese verano del 2015 y también era un tema del que nosotros hablábamos con frecuencia y apoyábamos.

Tanto mi esposa Adriana como yo, tenemos muchas amistades gay que se han sentido discriminadas por leyes que no les ofrecen los mismos derechos que a parejas heterosexuales.  Y esta vez, durante la comida, entre el aperitivo y el plato fuerte, Isabella decidió que ese era el momento apropiado para anunciar que ella era bisexual.

Adriana y yo hubiésemos preferido que ese anuncio hubiera sido realizado en el seno de nuestra casa, donde tendríamos la oportunidad de hablarlo en privado.  Sin embargo, hemos aprendido que el momento y lugar adecuado para nuestros hijos, no siempre es el momento y lugar adecuado para nosotros, por lo que a menudo nos toca reajustar las velas para poder continuar el rumbo del barco…

En cosa de solo segundos un torbellino de emociones me asaltaron.  Sentí mucho orgullo y admiración por mi hija. Adriana y mi hijo Esteban, felicitaron a Isabella por el coraje que demostró al compartirnos que ella era bisexual y le profesamos nuestro amor y apoyo.  Pero por supuesto, también tenía millones de preguntas y sentimientos encontrados. No obstante, en ese momento, lo más importante para mí era cobijar a mi hija con el amor de padre.

El especialista en pediatría y medicina adolescente, Errol Fields, de la Universidad John Hopkins radicada en Baltimore, Maryland, señala“Siempre escuchamos lo mismo en nuestras consultas: ‘Al saber que mis padres me apoyaban, supe que podía lidiar con cualquier cosa que el mundo me arrojara’.  Ustedes son el ancla de sus hijos y por lo tanto, su aceptación es clave. De hecho, las investigaciones demuestran que los adolescentes LGBTQ que son apoyados por sus familias logran crecer más felices y desarrollarse como adultos más saludables”.

¿Qué significa esto?

Durante las semanas y meses subsecuentes a la revelación de Isabella, estuve consumido en una avalancha de preguntas. Si bien no estaba viviendo el proceso de mi hija en carne propia, busqué aprender más sobre la bisexualidad. Como periodista que soy, investigué profundamente el tema, llegando incluso a entrevistar a otras personas, sin embargo mi tendencia heterosexual a veces intentó simplificar demasiado las complejidades del tema.

Mi esposa y yo tenemos una relación transparente con nuestros hijos. Nos hacen una pregunta y la respondemos con sinceridad, independientemente de los tabúes sociales que condicionan a los padres a no hablar con sus hijos (hasta cierta edad) sobre temas como el sexo. Ya habíamos tenido la conversación acerca de “de dónde vienen los bebés” hace mucho tiempo con Isabella y Esteban. Si bien la lección se centró en la biología, la encuadramos desde el punto de vista de papá y mamá. Pero ahora que estábamos hablando de la bisexualidad en nuestra núcleo familiar, estaba perdido.

Michael Newcomb, director asociado para el desarrollo científico en el Instituto para la Salud Sexual y de Género de las minorías, en la Escuela de Medicina Feinberg de Northwestern, dice que las investigaciones demuestran que “los adolescente LGBTQ son mucho más propensos a ocultar relaciones o a esconder aspectos de su vida sexual, que los adolescentes heterosexuales, si sienten miedo a ser juzgados o incomprendidos por los adultos”.

Isabella y yo habíamos desarrollado una relación muy fuerte, la cual me permitió aprender de ella.  Isabella supo esquivar las preguntas estereotípicas, y a veces ignorantes de su padre, porque sabía solo tenía la intención de comprenderla mejor.  Ella se encontraba en una etapa de autodescubrimiento, creando relaciones que pueden ser muy difíciles para cualquier adolescente, con la dificultad añadida de ser una minoría. Al mismo tiempo, yo sabía que ella tendría que superar los altibajos de las lecciones de la vida, pero igual recé para que no sufriera muchos prejuicios. Y rápidamente, el miedo que sentía fue puesto a prueba: Isabella me dijo que estaba interesada en una chica.

El Primer Beso

Adriana y yo nos preocupamos por la vida de nuestra hija en la escuela; temíamos que se sentiese aislada. Y es que si bien es cierto que una mayor visibilidad en la sociedad a menudo proporciona una mejor comprensión y cambio, también lo es que muchas escuelas se quedan atrás en la provisión de un ambiente seguro y de apoyo para los jóvenes LGBTQ.

Luego de un tiempo de que Isabella nos comunicara su preferencia sexual, comenzó a salir con una chica. Sentí emoción y a la vez ansiedad cuando ella me contó, en una de nuestras salidas de padre e hija, de una jovencita que le gustaba.

Fue maravilloso escucharla hablar sobre la persona con la que estaba saliendo, su emoción estaba escrita en toda su cara. Me contó cómo se conocieron, qué tenían en común, qué hacía a esta otra joven especial, y también sobre planes para ir al cine y hasta de la posibilidad de un primer beso. Me sentí cómodo al aconsejar a mi hija sobre las relaciones, pero fallé en advertirle sobre el posible acoso que enfrentarían en público.

Un informe publicado a principios de este año por Human Rights Campaign Foundation y otros grupos de defensa, reportó que casi tres cuartas partes de los adolescentes que respondieron a una encuesta en línea, dijeron que habían sido amenazados verbalmente debido a su identidad sexual.

Yo debí haberle hablado a Isabella sobre mis preocupaciones, pero en ese momento no quería arruinar sus planes, más que eso, no quería que sintiera que no podía ser ella misma en público.  Ya habrá suficientes personas a lo largo de su vida que le dirán lo que no puede hacer o que tratarán de hacerla sentir mal, pensé. Yo no iba a ser una de esas personas. Aun así como padre responsable de la protección de su hija, debí informarle sobre la hostilidad que experimentan las personas LGBTQ. No es que ella desconociera esa realidad por completo, pero es que simplemente yo no quería lidiar con ese tema en ese momento: Isabella le estaba contando a su papá de una experiencia muy especial en su vida y yo no iba a arruinarle el momento.

La noche de su anticipada cita estuve muy nervioso y me la pasé mirando el celular, esperando recibir su mensaje de texto para que la fuera a buscar en el cine. Quería escuchar que la había pasado genial y que se encontraba a salvo. Me preocupaba lo que podía ocurrir y me imaginé un sin número de escenarios en los que pudo haber estado mi hija, en caso de encontrarse con personas intolerantes. ¿Qué pasaría si ellas decidían demostrarse afecto en público?  Cuando Isabella finalmente me escribió un mensaje de texto, sentí un gran alivio al saber que todo había salido como ella lo esperaba, incluído ese primer beso.

En el camino a casa después de recogerla, no pude evitar sonreír cuando mi hija me contaba todos los detalles de ese “amor juvenil”.  Estoy seguro de que habrá tiempos difíciles, sin embargo, en ese momento, el camino a casa fue solo para hablar con mi hija sobre sobre el nerviosismo y la magia que todo adolescente experimenta en una primera cita.

Mi Quinceañera

Desde el principio, Adriana y yo discutimos con Isabella un plan para compartir con el resto de nuestra familia  su bisexualidad.

La hora y el momento serían totalmente su decisión. Como padres, nuestra prioridad era que ella se sintiera cómoda compartiendo esto con los demás.  A Isabella no le preocupaba tanto el rechazo hacia ella por parte de la familia, sino la desavenencia que pudiera desatarse entre los miembros de la familia. Aprecié su preocupación, pero la tranquilicé al decirle que no debe comprometer quien ella es por nadie del mundo.  He sido bendecido con una familia amorosa y estaba confiado en el apoyo que ellos les brindarían a mi hija y que nada iba a estropear el cariño que le tenían al conocer su verdad. Sin embargo, también tenía un poco de miedo.

Este pasado mes de marzo del 2018, Isabella cumplió quince años.  Fue su decisión el celebrar esta tradición. Adriana y yo no queríamos forzar a nuestra hija a tener una fiesta solo porque nosotros sí queríamos, pero estuvimos contentos cuando supimos la noticia de que habría fiesta. La celebración se ajustó a la realidad de la vida de Isabella.  Ella pertenece a una tercera generación de una familia Latinoamericana radicada en Estados Unidos. Parte de la tradición incluye comprender que nuestra hija dejaba de ser una niña para iniciar su vida como una mujer. Ella decidió que este sería el momento propicio para hacer el anuncio a todos los presentes durante la celebración.

Lo que planeamos fue que mi esposa y yo nos comunicáramos con familiares y amigos cercanos (muchos de los cuales fueron invitados a su fiesta), para compartir la historia de Isabella durante la temporada de vacaciones de fin de año. Estaríamos viendo a muchos de ellos entre Acción de Gracias y Nochevieja (meses antes del cumpleaños de Isabella), brindándonos la oportunidad adecuada para dar la noticia. Realmente no conoces a la gente hasta que llegan los momentos difíciles; así que estaba a punto de descubrir el compromiso de mis seres queridos con Isabella y nuestra familia. Para nuestro deleite, persona tras persona … padres, hermanas, primos, tías, tíos y amigos, no dudaron ni un minuto en demostrar su apoyo y amor a mi Isabella.

Uno de los momentos que nos llenó de orgullo fue cuando nuestra hija ondeó una bandera rosa, lavanda y azul, que simboliza su bisexualidad, al bailar rodeada por miembros de la familia y amistades.

 

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De izquierda a derecha: Adriana, Isabella, Hugo y Esteban.

El Amor, como dijo el poeta romano Virgilio “Conquista todo”.
El Amor cobijó a mi hija Isabella para darle la fuerza y decir que era bisexual.
El Amor es la base del aprendizaje y entendimiento.
El Amor fue puesto a prueba y ganó.
El Amor gana, hoy, mañana y siempre.

 

 

 

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