Esta monja ha estado luchando por niños migrantes durante 45 años

This nun has been fighting for migrant children for 45 years

gettyimages-158914794_custom-7e85023ce834c319eb23bdb2d77fc74e0d820834-s700-c85.jpgLa hermana Ann Kendrick (en el centro de la imagen) / Sister Ann Kendrick (center) 
Source: npr.org / See English version below
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En 1965, el Congreso dio un paso importante para abordar la difícil situación de los niños en edad escolar que crecen en algunas de las comunidades más empobrecidas de la nación: aprobó la Ley de Educación Primaria y Secundaria. En ese momento, se consideraba una victoria importante en la “guerra contra la pobreza”.

Sin embargo, para los hijos de los trabajadores agrícolas migrantes, la ley se ha quedado corta. Su calidad de vida y su educación no han mejorado tanto de acuerdo con el Consejo Interestatal de Educación Migrante. Estos niños aún reflejan altos indices de abandono escolar y se gradúan de la escuela secundaria a tasas bajas. Los investigadores incluso tienen un término para ello: “discontinuidad educativa inducida por la movilidad”.

Durante los últimos 45 años, Ann Kendrick, una monja católica, ha trabajado con estos estudiantes, hijos de trabajadores migrantes, en Apopka, Florida, al noroeste de Orlando. Allí, en un largo tramo de carretera, Kendrick dirige el Hope Community Center. Ella es franca cuando describe los problemas que enfrentan estas familias:

“El camino de los trabajadores migrantes está lleno de pobreza, discriminación, racismo. Todo empeora porque son, en su mayoría, invisibles.

Los trabajadores agrícolas migrantes tienen los niveles más bajos de educación de cualquier grupo ocupacional, de acuerdo con las cifras del gobierno. Sus hijos a menudo terminan como sus padres, haciendo trabajo agotador por salarios miserables”.

El Hope Community Center ofrece a las familias migrantes todo tipo de ayuda. Dan clases de inglés y ciudadanía para padres, tutoría académica, ayuda con la universidad y solicitudes de empleo para estudiantes.

Cuando se le preguntó acerca de cómo describiría el trabajo más importante que hacen, ella dijo:

Decimos [a los niños]: “Te amamos. Eres inteligente. No te rindas. No dejes que nadie te diga, no puedes ir a la universidad. Te vamos a enseñar. Te ayudaremos a obtener el dinero necesario. Incluso lucharemos contra sus padres si te están haciendo pasar un mal momento. Hacemos lo que sea necesario para que pueda sobresalir “.

Traduccion al español por el equipo de PLURAL.
El resto del artículo está disponible solo en inglés en el sitio web del autor original. Puedes accederlo aquí)

In 1965, Congress took a major step in addressing the plight of schoolchildren growing up in some of the nation’s most impoverished communities: It passed the Elementary and Secondary Education Act. At the time, it was considered an important victory in the “war on poverty.”

For the children of migrant farmworkers, however, the law has fallen short. Their quality of life and their education have not improved that much, according to the Interstate Migrant Education Council. These kids still drop out at high rates and graduate from high school at low rates — researchers even have a term for it: “mobility-induced educational discontinuity.”

For the past 45 years Ann Kendrick, a Catholic nun, has worked with these students — children of migrant workers — in Apopka, Fla., just northwest of Orlando. There, off a long stretch of highway, Kendrick runs the Hope Community Center. She’s blunt when she describes the problems these families face:

“The path of migrant workers is paved with poverty, discrimination, racism. All made worse because they are, for the most part, invisible.

Migrant farmworkers have the lowest levels of education of any occupational group, according to government figures. Their children often end up like their parents, doing back-breaking work for measly wages.”

When asked about how she would you describe the most important work they do, she says:

“We say [to kids]: ‘We love you. You’re smart. Don’t give up! Don’t let anybody tell you, you can’t go to college. We’ll tutor you. We’ll help you get money. We’ll even fight your parents if they’re giving you a hard time. We do whatever it takes so that you can excel.”

To read the full article, go to the site of the author here.

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